Sí. Gracias al Consejo Regulador de Jerez, se considera un arte a nivel personal. Esto se hacía en las bodegas antiguamente, formaba parte de lo que era un convenio entre los venenciadores y el comprador. Ahora, al sacarlo de bodegas, nos consideramos grandes artistas.
Embajadores del vino. Estamos considerados como embajadores del vino de Jerez.
Mi padre era trabajador en la viña, trabajaba en el campo, la uva, la viña, era un trabajo fuerte de estar todo el día en el campo y poco a poco me fue introduciendo. También me he dedicado al corte del jamón, empezamos a practicar en plan de hobby con unos amigos y al final el Consejo Regulador nos eligió.
Es que al tener tu padre todo el día diciéndote «vamos al campo», «vamos a la viña», forma parte de la tradición. Tengo un hermano que está todavía en la viña haciendo todas las tareas. Y a mí, de vez en cuando, me gusta pasarme por la viña, porque es lo que hemos vivido en casa.
No, pique no hay. Las formas, los estilos son distintos. Nuestro estilo es más elegante, ellos más a salir del paso. A nosotros nos gusta recrearnos mucho más con respecto a Sevilla y a los que trabajan en el Condado de Huelva. Pero la cuna de la venencia está en Jerez, en el marco de Jerez; Puerto de Santa María, Sanlúcar, Chiclana, toda esta zona. Los venenciadores aquí han llegado a un coger un estilo, que ha pasado de padres a hijos, al que cada uno le aportamos nuestro granito de arena.
Normalmente está entre 50 y 60, pero con la práctica y el pulseo, puede llegar hasta 70 centímetros.
No queda tan elegante, ni tan vistoso, y a la hora de quedarte sin vino, se nota. Si se nota el chorro cortado en una fotografía queda muy feo. Intentamos siempre que haya un acorde entre la bajada del vaso y la subida de la venencia.
Más que de equilibrio, de pulso, de un buen pulso. Tanto cuando sube la venencia hacia arriba como después tener el control de que el vaso vaya cayendo a su medida. Depende también del vino que se vaya a servir, uno pesa más que otro, y eso lo hace la experiencia.
Yo creo que sí, pero claro, una cosa lleva a la otra. Nosotros como embajadores del vino, tenemos que saber vender vino. Y hay que saberlo vender, no aquí, sino en China o en Japón. Solo la elegancia que tiene la venencia invita a tomarse una copa.
Yo toco todos los palos. Por la mañana me gusta tomarme un olorosito. Con un arroz, un finito o manzanilla. No hay tanto pique como se piensa, que en Jerez se toma igual un fino que una manzanilla. Y luego en el postre uno más dulce igual se toma un buen Brandy que un Pedro Jiménez.
De grandes acuerdos. Gracias al Consejo Regulador nosotros hemos estado en eventos de Reyes, de presidentes y altos cargos. El presidente de la Junta lleva siempre en su turismo un venenciador y un corte de jamón, que son las armas de Andalucía
Y que se la toman, se lo puedo garantizar y llegan a acuerdos. A lo mejor se llevan todo el día discutiendo en el Parlamento y luego van a un evento y se toman un buen vino juntos.
Un buen jamón y un buen vino son la esencia de la vida de Andalucía.
Bueno, ellos lo descubren todo. Lo nuestro es arte, alegría y saber estar. Para ellos nosotros lo mejor. Lo han copiado todo de nosotros, bueno, se lo hemos enseñado. Hay ya más de 20 venenciadores chinos formados por el Consejo Regulador de Jerez.
Sí, conocer ciudades y las personalidades tan exóticas que hay en cada ciudad, el trato que hemos tenido, ha sido muy bonito. Lo que yo he vivido ha sido estupendo. He estado venenciando en la torre Eiffel, en China con todos los embajadores, en Londres. Ha sido impresionante.
Cuando me lo dijeron. Fui a una revisión de fondo de ojos porque me picaban mucho, fui a una revisión normal y cuando, de buenas a primeras, me dicen que hay que operar urgente, se me cayó el mundo. Diez días después iba a la Pampa argentina a vender y a hacer una promoción y se me vino el mundo abajo. Después gracias a mi mujer y a la gente que tenía alrededor salí poquito a poco. La más fuerte fue mi señora y mi familia porque yo no quería salir. Yo veía que no había solución y opté por venirme a la ONCE.
El equipo de la ONCE que me atendió si tuviera que ponerle una nota le pongo un 20 sobre 10. Gracias a ellos estoy ahora en la venta e intentando venenciar. Ellos han sido los que me han ayudado en todo, tanto en la labor sicológica, como la del trabajo. Para mí ha sido lo mejor que me ha podido pasar.
Hombre!, al no ver el chorro, todo lo tienes que hacer a través de las distancias, forzando el sonido y el oído. Se ha perdido la vista pero se ha agudizado un poquito más el tacto y el oído. Ahora pongo más atención en cosas que antes no prestaba.
Hombre! He cogido una categoría única en esto. Pero, tanto el que ve como el que no ve, esto es para vivirlo y sentirlo. Ahora tengo la desgracia de no poder ver la cara a la gente cuando te piden una copa, porque la cara de alegría que ponen con esa elegancia, no se le olvida a uno. Pero tengo más ganas que nunca ahora mismo.
Eso es lo normal, porque empiezas a las 9 de la mañana y acabas a las 9 de la noche. Pero sí, estoy en plena forma, no se pierde el estilo, eso lo llevo ganado. Lo único que tengo que trabajar más el tema de la copa, las distancias y el sonido, me comprende?
Eso es el día, día, usted sabe. Estamos en tiempos de crisis pero, poquito a poco, estamos intentándolo. Esto casi, casi, es como el vino. Yo cuando estaba en el extranjero, que no entendía lo que me estaban diciendo, sólo con la elegancia de servir, la gente venía y cogía la copa. Pa mí, esto es lo mismo. Vender cupones es como servir el vino con elegancia. Tengo las mismas sensaciones; cuando vendes un cupón a cualquier persona, lo que tienes que hacer es ser es lo más amable posible y, por lo menos, intentar, si no le da premio, que venga mañana y te compre otra vez. O por lo menos cada vez que te vean que te compren algo.







El consejero delegado de Sertel, Santiago Galván señaló que «actualmente nuestra compañía cuenta con unas 500 personas con discapacidad en plantilla, pero con este proyecto se llega aún más lejos, ya que da respuesta a problemas relacionados con la conciliación de la vida sociolaboral de las personas con discapacidad en el sentido más amplio». Para concluir el vicepresidente 1º Ejecutivo de Fundación ONCE y presidente del Grupo Fundosa, Alberto Durán destacó que con esta iniciativa «se quiere demostrar la rentabilidad económica, así como la posibilidad técnica de incorporar en las empresas de telemarketing a trabajadores con discapacidad que desempeñen sus funciones desde su domicilio, con el fin de que las empresas comiencen a incorporar este método de trabajo». 









