Era pelotero.
¿Terapéutico?
No suelo hacer distinciones. Tampoco tengo un sueño así… No es algo que me haya planteado.
No lo utilizo como identificación. Si tuviera que distinguir entre los que tengo en tratamiento, yo creo que tardaría muy poco tiempo.
No tengo nada de bufón. Los tradicionalismos no me llaman para nada, por lo menos los de esta zona.
El Carnaval de Cádiz.
Sí.
No lo sé, quizá tuve algún antepasado o en la otra vida. Quizá por el tipo de humor que hacen o por la crítica. Aparte que me gusta más la gente de la Andalucía occidental que la de la Andalucía oriental.
Sí, seguro, algo llevaremos.
Fue una segunda opción. La primera intención era hacer Ciencias Exactas. No tienen mucho que ver. Con las Ciencias, la única salida era la docencia, y me decanté por la Fisioterapia por las salidas que tenía. Hice el examen de ingreso en la escuela de la ONCE y cada vez me iba gustando más. La verdad es que estoy encantado de haber escogido esa segunda opción.
Para el que lo ve desde fuera es un don. Pero yo creo que es un trabajo más. Quizá tengamos más facilidad o más herramientas a la hora de poder sentir mejor. Hay profesores que veían y cerraban los ojos para hacer determinadas técnicas, o incluso apagan la luz. Yo lo veo simplemente como una profesión más.
En determinadas técnicas sí. De hecho muchos de los consejos que dan en los cursos, una de las deficiencias que se notan en los compañeros de profesión es que no han aprendido a tocar. Una de las asignaturas más flojas en la mayoría de las Escuelas es la anatomía palpatoria, que precisamente es lo que mejor llevamos nosotros.
Probablemente por eso. No para todos los apartados de la Fisioterapia, porque hay técnicas más específicas que están basadas más en el reconocimiento visual. Requiere un contacto muy directo con el paciente y la confianza que el paciente deposita cuando le pones la mano encima.
Sí, bueno, era algo complicado porque éramos un número muy pequeño de alumnos en relación al número de profesores. Pero la verdad es que cada año estaba más motivado porque estaba viendo mucho más futuro a las expectativas que tenía y porque te convence lo que estás aprendiendo. Y sobre todo por ser una profesión muy agradecida. Motiva muchísimo.
Yo me afilié a los 14 años en el paso entre la EGB y el Bachiller. Era una edad complicada. A la vez que me motivó el hecho de aprender a leer braille, el palo fue tener que alejarme de la familia, salir del pueblo y meterte en Madrid. Eso fue lo más duro de llevar. Pero en cuanto entras en este mundo en el que eres igual a los demás te compensas mucho de las frustraciones que tenías. Y ves que puedes hacer muchísimas cosas de las que hacías antes.
En mi consulta no tengo ningún jefe que me exija estadísticas. Que yo le pueda dedicar al paciente el tiempo que crea conveniente. Y no estar ceñido al tiempo que pueda poner un médico especialista. Es mucho más gratificante, sin que tenga nada que ver lo económico, y más en esta zona que no es lo que más se pueda aprovechar porque es bastante pobre. Yo tuve que sufrir el haber sido el primer fisioterapeuta en el centro de salud que monté de cero hasta llegar a los ocho que somos ahora. Todas las presiones de las listas de espera las tuve que sufrir. Tengo un concepto de la empresa pública, aunque sea defensor de ella, del que habría muchísimas cosas que cambiar. Ahí es donde no encuentro la motivación.
La mayoría de pacientes privados suelen ser problemas de espalda en general y deportistas, aunque trabajamos con todo, compañías de seguro, mutuas, accidentados de tráfico o laborales.
La gente, cada vez más, ya no espera a tener una patología aguda para venir. Cada vez hay un nivel de vida más alto. Ahora la gente se cuida más, el estilo de vida también nos está estropeando más, empezando por los niños, el sobrepeso, la inactividad. Cada vez se hace menos ejercicio, tanto ordenador, videoconsolas, todo eso influye, pero en general la gente cada vez se cuida más.
Se cuida más no porque prevenga por medio del ejercicio, que sería una de las principales formas de cuidarse. Nos cuidamos más porque en vez de esperar a una lista de espera se busca una solución que creen más efectiva y evitan atiborrarse de medicación y quieren que les atiendas lo antes posible. Ahora buscan otras alternativas al tratamiento médico.
La evolución de los pacientes. En nuestro caso, está sobrevalorado siempre, porque aunque hagas lo mismo que los demás, los pacientes a ti te ven como a un Dios. Pero, sobre todo el agradecimiento de los pacientes, de la gente, que te valoren y agradezcan la evolución.
Sí que hay. El Colegio de Fisioterapeutas aquí en Andalucía me consta que ha denunciado algunos casos, pero hay profesiones de quiromasajista y otras que no están reconocidas por la sanidad. Lo que pasa es que mientras la gente siga confiando en cualquier clínica sin mirar si somos o no somos.., y quizá el Colegio o las administraciones no hacen todo lo que debieran. Pero sí, si que hay intrusismo.
Una moda más. Es bueno porque todo lo que anime a la gente a hacer ejercicio es bueno. Pero claro, también depende de quién la imparta. Somos nosotros, los mismos fisioterapeutas, los que también fomentamos el intrusismo porque hay fisioterapeutas que se dedican a dar cursos de masajes a cualquiera, sin preparación, sin titulación. Y con Pilates pasa lo mismo, igual se lo dan a un fisioterapeuta que a un monitor de gimnasio. Es una moda.
La gente va por modas, sin que le aconsejen si es mejor hacer yoga, andar o aerobic.
Lo primero que debería aprender la gente -porque normalmente no es algo que uno pueda saber-, son las correcciones posturales, tanto en la cama como en el trabajo, como en el ocio, porque hay muchísimos vicios posturales. Hacer ejercicio, el adecuado a cada edad y cada momento, evitar el sedentarismo, que tenemos y el sobrepeso. Y el estado de ánimo influye tanto como el físico, hacer lo que te motive. Ir al gimnasio por moda o porque se acerca el verano en lugar de por convicción es complicado que dé su fruto luego.


«Bailo hablando al compás que siento –afirmó-, transmitiendo mi lenguaje expresivo con signos, contado muchas cosas donde la visualidad y la metáfora dan mucho que pensar. Podemos bailar el silencio –añadió- y podemos bailar los ruidos, jugar con la voz, bailar flamenco con sensibilidad y compás y comunicar de otra forma a través de la lengua de signos».






El punto final lo puso la obra ‘El secreto del dragón’ de la agrupación Las Cacatúas Parlantes, en el escenario de la Delegación Territorial de la ONCE en Andalucía. La historia del reino de Fofa, amenazado desde hace cien años por un supuesto terrorífico dragón, en el que su rey debe hacer frente, con la ayuda del público, a esa terrible fiera, cosechó largos aplausos y muchas risas en un abarrotado salón de actos.










