La ONCE se monta en el autobús de la discapacidad

Micaela Navarro junto con los representantes del CERMI en la presentación del autobús
La ONCE se ha montado este mes en el autobús de la Discapacidad, el aula-bus ‘La capacidad en marcha’, una iniciativa del CERMI y la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía que recorrerá los pueblos y ciudades de la Comunidad Autónoma de noviembre a enero para dar a conocer la realidad de las personas con discapacidad.
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FIRMA INVITADA: Antonio Fernández, consejero de Empleo de la Junta de Andalucía

Primer plano del consejero de EmpleoEl consejero de Empleo de la Junta de Andalucía explica detalladamente en este artículo el avance que, a su juicio, supone la puesta en marcha del Plan de Empleabilidad para Personas con Discapacidad hasta 2013, aprobado por el Gobierno andaluz el pasado mes de noviembre. Antonio Fernández cree que mejorará la inserción social y laboral de los colectivos con discapacidad y mejorará su calidad de vida y contribuirá a lograr la igualdad real en el mercado de trabajo.
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"No me siento el Suárez de la ONCE"

Félix Hernández Delso en su domicilio particular, junto a sus libros

Es el hombre de la Transición en la ONCE. Testigo privilegiado del proceso de democratización de la Organización, a sus 72 años observa el paso del tiempo con la satisfacción del deber cumplido. En cada momento de su intensa trayectoria se ha entregado en cuerpo y alma a la ONCE. Hoy, su vida constituye toda una lección de superación.

Usted nació en la Espejo de Tera (Soria) de 1935, en un paisaje marcado por las ruinas de Numancia y el Duero de Machado. ¿Cuál es el primer recuerdo que le viene a la memoria de su infancia entre Espejo de Tera y Clavaler.

Son muchos los recuerdos que me vienen a la memoria. Uno de los fundamentales es el paisaje completamente nevado. Yo perdí la vista con 9 años. Cuando salía a la calle y me subía a la tapia con los amigos, el panorama era totalmente blanco, los árboles me parecían gigantes blancos, los ríos cubiertos de una capa de hielo impresionante. Cruzábamos el Duero tranquilamente patinando. Esa imagen todavía la recuerdo viva.

Quedarse ciego a los nueve años en la España de la posguerra debió ser un trago duro.

Sí fui muy duro porque perdí la visión casi de repente, en cuestión de minutos. En el año 44 la penicilina era muy difícil de conseguir. El sufrimiento físico fue enorme y el sentimental también puesto que perder la vista en muy pocos minutos era muy duro. En Madrid me operaron seis veces (tres del ojo derecho y tres del izquierdo) y en una de las ocasiones recuperé la vista en uno de los ojos casi por completo, pero cuando me quitaron el vendaje estaba tan ciego como al principio.

La experiencia en el colegio de Pontevedra tuvo que ser muy enriquecedora.

Muchísimo, muchísimo. Si volviera a tener 10 años y tuviese esa oportunidad volvería a ir a ese colegio o a cualquiera de la ONCE. Aprendí todo lo necesario, pero lo que más me llamaba la atención era la dedicación y generosidad con la que se entregaban aquellos profesores que teníamos. En el primer curso

Usted estudió profesorado de Mercantil por la Universidad de Burgos. Una carrera, sin tiflotecnología de por medio. Hoy resulta impensable, ¿cómo lo hizo?

Pues con mucho sacrificio e ingeniándomelas con otros amigos, nos intercambiamos apuntes. Sólo contábamos con la clásica pauta de escribir, el punzoncito, llegamos a tener callos de tanto escribir. Textos en braille apenas existían. Mis hermanos me leyeron mucho. Mi hermana Chari, mi hermano José, mi madre, se levantaban a las 4 y a las 5 de la mañana para leerme y era muy duro porque el frío que hacía en Soria era muy intenso. Con temperaturas de 15 grados bajo cero nos teníamos que defender con un braserito de carbón y punto.

Y compatibilizaba los estudios con la venta del cupón.

Tenía muy buena suerte. Salía a la una, hacía el recorrido por los bares, y a las tres y media regresaba a casa. Y por la tarde lo que me quedaba, al salir de la academia, salía otra vez a hacer el recorrido. Generalmente nunca me sobraba. Por eso el tiempo que dedicaba al estudio tenía que ser por las mañanas muy temprano porque por las tardes iba a una academia. Yo era también profesor de lengua española y francesa a los alumnos.

¿Y qué tal resultó la experiencia de la venta?

Confieso que el primer día que salí a vender el cupón me ví tan deprimido que entré en dos bares y me volví a casa porque me impresionaba mucho ponerme a vender el cupón. Luego me lancé, pensando que era mi única solución, porque lo necesitaba y porque no quería ser una carga para los míos, porque de la ONCE recibía entonces una beca de 50 pesetas mensuales.

Martos fue su puerta de entrada a Andalucía.

Ganaba diariamente 16 pesetas con 20 céntimos y solo la pensión me cobraba 18 pesetas. Eso me obligó a dar clases particulares por las mañanas. Le hablo del año 57. Después fui a Loja como jefe administrativo donde estuve de 1958 a 1961. Tanto Martos como Loja me sorprendieron por su generosidad y su apertura a las relaciones sociales.

Sus tres hijos han nacido en Barcelona. Cataluña para usted debe tener un valor sentimental.

Yo fui con algún recelo y temor, porque me decían que el catalán no era muy abierto, pero he de confesar que, salvado el primer año, Cataluña la tengo siempre en el corazón porque se portaron extraordinariamente conmigo. Su nivel cultural me influyó muchísimo. Aprendí muy pronto el catalán y compartí con ellos el sentido del progreso y la prosperidad. Y sí, mis hijos son catalanes aunque ya dicen que son más andaluces.

“LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA ONCE FUE DURÍSIMA»

De Barcelona salta al primer puesto en Madrid, lo que antes se llamaba jefe nacional de la ONCE, en plena transición hacia la democracia interna en la Organización. ¿Se siente usted el Suárez de la ONCE?

Eso fue una denominación que me dieron entonces. Pero no me siento el Suárez. Me siento un afiliado a la ONCE que me entregué en cuerpo y alma a la misión que me encomendaron. Querían que fuese a Madrid con la pretensión de cubrir esa plaza para impulsar definitivamente a la democratización de la ONCE. Y así fue. Llegué a Madrid en enero de 1980. Fue durísima esa etapa. Teníamos que tender a una democratización general.

Debió de ser un puzzle muy complicado.

Muy complicado porque dentro de la propia Organización había distintas corrientes. Por un lado había un excesivo conservadurismo de quienes creían que la ONCE no se podía tocar y, en la parte contraria, los que pretendían una innovación total. Yo tenía que poner de acuerdo a esas corrientes para elaborar borradores de un Real de Decreto que sirviese de instrumento legal para la democratización de la ONCE. Por ahí fue muy difícil.

¿Y de puertas afuera, cómo se veía desde el Gobierno de la UCD la gestación de esa nueva ONCE?

También había divisiones. Tanto que el Gobierno estaba cansado de las discrepancias que había en el seno de la ONCE, porque todos querían lo mismo, la democratización de la ONCE, pero por caminos distintos. El Gobierno estuvo apunto de incorporar a la ONCE al SEREM, lo que hoy es el INSERSO, y tuve que acudir a la ayuda personal y definitiva del profesor Tierno Galván, paisano mío, que intervino de forma eficaz en el Gobierno y acabó con el proyecto de incorporar a la ONCE en el SEREM.

¿Y qué papel desempeñaron los partidos políticos?

A los partidos políticos les importaba muy poco la ONCE. No teníamos ni Seguridad Social, teníamos que tener nuestra propia caja de previsión social porque no nos consideraban ni trabajadores. Lo que sí le importaba al Gobierno es que no fuéramos objeto de discordia que pudiese arrastrar a algún grupo político y por eso querían que se acelerara el proceso de democratización. Tal es así que ya en 1981 ya apareció el primer el Real Decreto 1041 por el que se concedía el autogobierno a la ONCE con elecciones internas.

En el mejor momento de su carrera política o institucional le sobreviene una patología que le roba toda la movilidad en el cuerpo. ¿Superar la silla de ruedas resultó más amargo que asumir la ceguera?

Mucho más. Asumir la ceguera quizá fue más fácil porque era un niño y tuve la esperanza de recuperarla aunque nunca llegó. En cambio perder la movilidad fue tremendo…

Después vino otra etapa gratificante, la dirección del pabellón de la ONCE en la Exposición Universal de Sevilla.

Fue la etapa más satisfactoria aunque también de mayor trabajo.

Debió compartir muchas anécdotas con jefes de Estado, reyes y ministros de muchos países en los seis meses que duró la EXPO.

Leopoldo Balduino de Bélgica estaba más interesado en conocer mis circunstancias personales, las de un ciego parapléjico, que el propio pabellón y pidió un encuentro privado conmigo cuando terminó la visita. El Rey creía que la ceguera limitaba todo y la paraplejia más aún. Y se vio tan impresionado que no entendía por qué estaba alegre, contento y optimista y en un cargo de tan alta responsabilidad. Me preguntó que cómo podría ser así.

¿Y qué le contestó?

Pues que mi formación religiosa tenía una fe firme y sólida. Y que cuantos más reveses recibía en la vida más sólida era mi fe. Y le recordé la frase del pensador que me guía: “Cuando tus problemas tienen solución ¿por qué lloras? Y si tus problemas no tienen solución, ¿por qué lloras?”. Eso me ha servido para superar todas las adversidades y para trabajar con ilusión.

Usted fue un delegado territorial muy querido en Andalucía. ¿Cuál fue la clave de su éxito?

No lo sé. El éxito ha sido siempre compartido con el equipo de trabajo. Quizá como anteriormente había sido vendedor del cupón a la vez que estudiante, conocía muy bien las dificultades de la venta y me he sentido siempre muy cercano a los vendedores. Les he atendido de forma personal. Me he ocupado de ellos. He conocido personalmente esas dificultades, el frío, el calor, las barreras, y quizá por eso los vendedores me han estimado mucho. Quizá sea la atención personal y la dedicación que he tenido con ellos.

¿Alguna vez pensó que la ONCE llegaría a la posición que ocupa hoy en España?

Yo he creído siempre que la ONCE podía llegar a lo que es hoy y mucho más de lo que es hoy. Porque los ciegos eran muy tozudos en su trabajo, tenían mucha perseverancia en sus objetivos, el espíritu de superación era constante, y con esas cualidades, hay que pensar que la ONCE tiene que escalar cada vez más para superar siempre las etapas anteriores.

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Tarragona gana por quinta vez el Campeonato de España de Ajedrez, celebrado en Islantilla

Los campeones de ajedrez junto al director de la ONCE en Huelva

Entre el 18 y el 24 del pasado noviembre se celebró en las instalaciones del Confortel Islantilla la XII edición del Campeonato de España de Ajedrez para Ciegos y Deficientes Visuales, al que concurrieron los equipos de Tarragona, Castilla La Mancha, Barcelona A, Valencia, Asturias, Alicante, Vigo y Madrid A, todos encuadrados en la máxima categoría, la Primera división.
En esta duodécima cita ajedrecística se cumplieron los pronósticos y el equipo de Tarragona se hizo acreedor al título, gesta que lo ha convertido en pentacampeón, tras haber cantado el alirón en los años 1999, 2001, 2003, 2005 y 2007 (el campeonato es bianual). Con ello se agranda la leyenda de la representación tarraconense en el deporte del jaque mate, ya que además hay que sumarle tres subcampeonatos consecutivos que logró en las ediciones de 1987, 1989 y 1991. Y es que en la actualidad, los catalanes cuentan con tres jugadores entre los diez mejores del ranking nacional, como Manuel Palacios, Gavril Draghici y Albert Olivera.
Lo más llamativo de este XII Campeonato de España ha sido la enorme diferencia que ha establecido Tarragona con respecto a sus rivales, ganando seis de sus siete comparencias y obteniendo al final del torneo 21 puntos y medio. Castilla La Mancha, segundo clasificado, consiguió 17, mientras que en la tercera posición quedó Barcelona A, con 16. Tras este trío concluyeron Valencia (4º), con 13 puntos y medio; Asturias (5º) con 12, Alicante (6º) también con 12 pero con peor coeficiente; Vigo (7º) con 11; y cerrando la tabla, Madrid A, otrora legendario campeón, con 9, certificando con el conjunto vigués, su descenso a Segunda división, quizás notando en exceso la ausencia de Roberto Enjuto.
Andalucía regresa a la élite
Un equipo al alza como el andaluz, capitaneado por el onubense Eduardo De Sanjosé (campeón del mundo juvenil en 2003 y 2005) selló su ascenso a Primera, tras proclamarse vencedor absoluto en Segunda con 18 puntos. El joven plantel blanquiverde retorna a la máxima categoría acompañado del País Vasco, quien fue segundo con 17 puntos. Tras estos quedaron Castilla-León, Aragón, Madrid B, Barcelona B, Cantabria y Castilla La Mancha B, como farolillo rojo, quien fue el contrapunto de la excelente actuación manchega en la categoría élite. Los cuatro últimos clasificados deberán participar en un torneo interautónómico para ganarse el derecho a volver en 2009.
Tres campeones en doce campeonatos
Los componentes del equipo andaluz de ajedrez
Curiosamente, la gran cita por equipos del ajedrez para ciegos y deficientes visuales, cuya primera edición se celebró en 1979 en Alicante, ha tenido tres dominadores a lo largo de estas doce ediciones organizadas hasta el pasado mes de noviembre. Barcelona fue el primer campeón y luce tres títulos en sus vitrinas (79, 91 y 93), Madrid lo conquistó en 1987, 1989, 1995 y 1997, y Tarragona en las cinco ocasiones que se reseñan más arriba. De esta forma, la pérdida de categoría sufrida por los capitalinos tras la confrontación del Confortel Islantilla supone una noticia de enorme calado en el ámbito ajedrecístico.
El campeonato de este año ha contado con la inestimable colaboración de la Diputación de Huelva y los ayuntamientos de Almonte, Ayamonte, Cartaya, Isla Cristina, La Palma del Condado, Lepe, Punta Umbría y Valverde del Camino.
…y en dominó, triunfo de Fernández y Rivas

Los participantes en el campeonato sonríen para la foto de familiaNo sólo el ajedrez fue protagonista durante el mes de noviembre. También los amantes del dominó acapararon el foco de atención de la actualidad deportiva. Todo, gracias a la celebración del XI torneo del Consejo Territorial de Andalucía, que tuvo lugar el día 24 en el hotel Calas de Conil, Cádiz.

Diez parejas, una por cada Dirección Administrativa, se disputaron la supremacía en esta actividad, aunque los granadinos Manuel Fernández Jiménez y Gabriel Rivas Fernández fueron quienes se alzaron con el triunfo final. Subcampeones fueron los jerezanos Manuel Fuentes García y Jose M. Calvo Sánchez, mientras que los almerienses José Cañete Pino y Antonio Moya Belmonte ocuparon el tercer puesto en el podio.
Independientemente del carácter competitivo del torneo, este encuentro de dominó sirve para fomentar la convivencia entre los participantes, por lo que en la edición de 2007 volvieron a repetirse las escenas de buena camaradería entre los miembros de los distintos equipos. Sin duda, gracias a la iniciativa de la organización que dispuso una jornada previa a la inauguración para que todos los competidores departieran momentos de buena convivencia.
Por parte del Consejo Territorial de Andalucía asistieron a la cita su presidente, Alberto Morillos, y miembros de la Comisión de Deportes, que preside Juan Adrián Caro.

Imagen de los trofeos entregados, una mano en bronce que sostiene una ficha de dominó L. Julio del Zapatero

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